Argumentum ex concessis

Argumentum ex concessis
Marginalia a un artículo del abad Claude Barthe
Si enim secundum carnem vixeritis, moriemini:
si autem spiritu facta carnis mortificaveritis, vivetis.
Porque si vivís conforme a la carne, moriréis;
pero si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.
Rm 8, 13
La intervención del abad Barthe, publicada recientemente por Duc in altum en traducción italiana [1], merece cierta atención. Lo más interesante en ella no es tanto su valoración del recién elegido León XIV, ni el realismo pragmático con el que reconoce la continuidad de Prevost con su predecesor o las esperanzas de una relajación de las restricciones a la Liturgia tradicional.
Escribe el abad Barthe:
Hay una paradoja, incluso un riesgo, para quienes invocan la libertad para la liturgia y el catecismo tradicionales: la de que se les conceda una especie de “autorización” a la catolicidad litúrgica y doctrinal. Ya hemos tenido ocasión de citar como ejemplo la situación paradójica creada en el siglo XIX en el sistema político francés, cuando los más acérrimos partidarios de la Restauración monárquica, enemigos en principio de las libertades modernas introducidas por la Revolución, lucharon continuamente para que se les diera un espacio de vida y de expresión, la libertad de prensa, la libertad de enseñanza. En igualdad de condiciones, en el sistema eclesial del siglo XXI, al menos en el futuro inmediato, una relajación del despotismo ideológico de la reforma podría ser beneficiosa. Pero, probablemente ventajoso a corto y mediano plazo, en última instancia podría ser radicalmente insatisfactorio.
Lo que creo que hay que destacar es la advertencia, no demasiado velada, que el abad Barthe dirige a quienes recurren a los argumentos del adversario para obtener legitimación en el mundo eclesial, aplicando el argumentum ex concessis.[2] En este caso, “los que invocan la libertad para la liturgia y el catecismo tradicionales” -y que condenan la sinodalidad bergogliana- apelan a esa misma sinodalidad para que las “comunidades Summorum Pontificum” sean reconocidas como una de las muchas expresiones del compuesto poliedro eclesial.
La denuncia del abad Barthe revela no una paradoja, sino la paradoja, la contradicción que invalida de raíz cualquier testimonio de ortodoxia por parte de los autodenominados conservadores: la aceptación de los principios revolucionarios de la llamada “Iglesia sinodal” como contrapartida (incompleta, por lo demás) para ser tolerada por ella. En realidad, este intercambio no es en absoluto igual. La “Iglesia sinodal” se limita a aplicar también a los conservadores esa legitimidad de existencia que reconoce a cualquier otro “movimiento” o “carisma” presente en la multifacética estructura eclesial, pero se cuida de reconocer que sus peticiones pueden ir más allá de una mera concesión de un orden estético y ceremonial. El contrato no escrito entre los conservadores y la jerarquía post-bergogliana establece que las “preferencias litúrgicas” de un grupo de clérigos y fieles pueden ser toleradas si y solo si se abstienen de resaltar la heterogeneidad, la incompatibilidad y la extrañeza entre la eclesiología y todo el marco doctrinal que subyace al Vetus Ordo y los expresados en el rito montiniano reformado.
El abad Barthe no guarda silencio sobre las cuestiones críticas: refiriéndose a los electores de León XIV, los define como “toda la colección de animales conciliares”, mostrando un cierto coraje, especialmente en consideración a su rol público y su dependencia de esos prelados. Así como no guarda silencio sobre el engaño en el que caen los que precisamente hacen uso de la libertad religiosa para invocar para sí mismos una tolerancia que no se niega ni siquiera a los adoradores de los ídolos amazónicos.
El engaño es doble: no sólo por la paradoja que el abad Barth ha señalado con razón, sino también y sobre todo por una trampa mucho peor, constituida por aceptar, al menos implícitamente, la separación forzada, antinatural e imposible entre la forma ceremonial del rito y su sustancia doctrinal.
Se trata de una operación de des-significación de la Liturgia, que consiste en que se le reconozca el derecho a celebrar en el rito tridentino a condición de que el celebrante no acepte también las implicaciones doctrinales y morales de ese rito. Pero si ese “sacerdote Summorum” acepta este principio, también debe aceptar su aplicación inversa. De hecho, en el momento en que se admite que la Liturgia puede celebrarse haciendo que no tenga en cuenta la doctrina tradicional que ella expresa -una doctrina en la que la “Iglesia sinodal” no se reconoce a sí misma y que considera otra que no sea ella misma-, se termina aceptando que también la liturgia reformada puede prescindir de los errores y de las herejías que insinúa y que ningún católico digno de ese nombre puede ratificar absolutamente. Al obrar de este modo, sin embargo, se le hace el juego al adversario, ilusionado en que se puede ser más astuto que el diablo. Todo se reduce a una cuestión de vestimenta y coreografía, de estética y sentimiento que satisface o no satisface el gusto personal, como confirman las recientes palabras del cardenal Burke: “No se puede tomar algo tan rico en belleza y comenzar a eliminar los elementos bellos sin que esto tenga un efecto negativo”[3]. Nada podría ser más ajeno a la mens de la Liturgia romana, según la cual la belleza de las ceremonias es tal porque es una expresión necesaria de la Verdad que enseña y del Bien que practica.
La “Iglesia sinodal” anexa a los conservadores en el codiciado panteón no solo porque les da lo que quieren -pontificales solemnes celebrados por prelados influyentes, sin implicaciones doctrinales-, sino también porque ninguno de los interlocutores de la Santa Sede tiene la menor intención de exigir nada más; y aun cuando alguien se atreva a pedir más, el guardián de turno – literalmente, el Ostiarius – intervendría rápidamente para llamar a la “prudencia” y a la “moderación”, más preocupado por no perder su posición de prestigio que por el destino de la resistencia católica. Esto va acompañado de la política de “cerrar la boca”[4] defendida por Trad Inc,[5] según la cual las posibles concesiones que los moderados esperan obtener de Leone sugieren no criticarlo abiertamente para no alejarse de él.
El camino de la persecución, del ostracismo, de la excomunión no parecen formar parte de las hipótesis de mis hermanos: se diría que ya están resignados a un destino de tolerancia, en el que no pueden ser verdaderamente católicos ni plenamente sinodales; ni amigos de los que luchan contra el enemigo infiltrado en la Iglesia, ni de los que intentan sustituirla con un sustituto humano de inspiración masónica. El Señor pedirá a estas personas tibias que rindan cuentas con mayor severidad que los numerosos párrocos pobres que tienen otras prioridades pastorales más urgentes. Es de esperar que la advertencia del abad Barthe no pase desapercibida, porque se acerca la hora de la batalla y encontrarse desprevenido y sin preparación en estas situaciones sería propio de irresponsables.
Y es precisamente en tiempos de persecución cuando debemos redescubrir la actualidad y la validez de las palabras de San Vicente de Lérins [7]:
In ipsa item catholica ecclesia magnopere curandum est ut id teneamus quod semper, quod ubique, quod ab omnibus creditum est; hoc est etenim vere proprieque catholicum.
Si hay algo que no cumple con estos tres criterios -el semper, el ubique y el ab ómnibus-, debe ser rechazado como herético. Esta norma nos protege de los errores difundidos por los falsos pastores, con la serena certeza de actuar en conformidad con la Tradición y así poder suplir la ausencia de autoridad eclesiástica a causa del estado de necesidad actual.
+ Carlo Maria Viganò, Arcivescovo
3 Settembre MMXXV
S.cti Pii X Papæ, Conf.
NOTAS
1 – Abbé Claude Barthe, Leone, il pompiere nella Chiesa divorata dal fuoco della divisione. Ma quale unità ricerca?, publicato en Duc in Altum il 9 de agosto de 2025 – https://www.aldomariavalli.it/2025/08/09/analisi-leone-il-pompiere-nella-chiesa-divorata-dal-fuoco-della-divisione-ma-quale-unita-ricerca/
2 – El argumentum ex concessis es una técnica retórica y lógica en la que un interlocutor utiliza las premisas, argumentos o afirmaciones aceptadas por el adversario para construir su argumento, a menudo para refutarlo o demostrar la incoherencia de su posición. Esta estrategia se basa en la idea de aceptar temporalmente las afirmaciones del adversario (las “concesiones”) y utilizarlas para derivar conclusiones que lo pongan en dificultades o corroboren su propia tesis.
3 – «No tomas algo tan rico en belleza y comienzas a despojar los elementos hermosos sin tener un efecto negativo.» Cfr. https://x.com/mljhaynes/status/1954919906492747838
4 – Zip it, en inglés. Cfr. https://www.radiospada.org/2025/09/leone-xiv-lipotesi-zip-e-la-contropartita-per-i-conservatori-una-strategia-gia-tentata-e-che-lascia-perplessi-in-7-punti/
5 –Trad Inc es la expresión estadounidense, que podría traducirse al italiano como Tradizione Spa, que señala a los blogs fieles y conservadores organizados como empresas, que actúan según la lógica del mercado al depender de los accionistas.
6 – San Vicente de Lérins, Commonitorium, 2
7 – En español: En la misma Iglesia católica hay que tener el mayor cuidado de conservar lo que se ha creído siempre, en todas partes y por todos; esto es de hecho verdadera y propiamente católico.