Credo quia absurdum

Mons. Carlo Maria Viganò

Credo quia absurdum

La ``Revelación del Método``
Discurso en la Conferencia para la presentación del ensayo
``Crimen de Estado`` de Umberto Mendola
Florencia, 24 de octubre de 2025

El mal debe esconderse de la luz del día,
porque las reglas del universo dictan
que los que son engañados consientan su engaño.

Aleyster Crowley

 

Queridos amigos

Tengo el placer de hablar en este evento organizado por el Dr. Umberto Mendola con motivo de la presentación de su ensayo Crimen de Estado, del cual redacté el “Prefacio”. Este libro dejará un testimonio escrito autorizado y completo, execrando la asquerosa complicidad de todas aquellas personas que se han mostrado dispuestas a prostituirse ante un régimen subversivo y tiránico aún en el poder. Espero que el coraje y la competencia profesional del Dr. Mendola induzca a otros, cada uno en su ámbito de compromiso social y laboral, a alzar la voz para denunciar uno de los crímenes más horribles contra la humanidad.

Sin pretender repetir lo que ya he escrito en el “Prefacio”, permítanme integrar a esas palabras mías y al ensayo del Dr. Mendola un elemento que considero puede dar sentido a lo que hemos presenciado en los últimos años.

Todos hemos comprendido que la pandemia constituyó el comienzo de una guerra no convencional, librada por la élite globalista contra la humanidad y contra Dios. El odio de Satanás hacia el hombre está motivado por el hecho de que fue creado a imagen y semejanza de Dios, y que sólo al hombre -y no a los ángeles- se le ha concedido el inimaginable privilegio de la Redención divina, que repara, a través de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, el desorden causado por el pecado original cometido por nuestros primeros padres, Adán y Eva. Satanás no puede soportar que a los humanos se nos haya dado la oportunidad de convertirnos en hijos de Dios (Jn 1, 12) y de participar en la bienaventuranza eterna que la antigua Serpiente ha perdido irremediablemente. Al no poder impedir la Redención, Satanás trata de reducir sus frutos arrastrando hacia el infierno a tantas almas como le sea posible. Por esta razón, todo lo que Satanás nos propone está intrínseca y necesariamente dirigido a matarnos en alma y cuerpo, para arrancar las almas a Dios mediante el engaño y la mentira.

Y con el dinero: no sorprende que se le llame el estiércol del diablo. El dinero es estiércol cuando se convierte en la medida de todas las acciones humanas, o en el medio para corromper a los hombres y hacerlos sus sirvientes. La obra de la élite globalista muestra la marca de la Bestia (Ap 13, 16) precisamente al considerar como mercancía, como algo comercializable, no sólo los bienes materiales, sino también los bienes inmateriales que en una sociedad tradicional y católica estaban animados por la caridad hacia el prójimo: pienso, por ejemplo, en la educación de los niños o en el cuidado de los ancianos y de los enfermos,  en el seno de la familia tradicional. El negocio de la niñera para los niños y de la RSA para los ancianos es el resultado de una acción de ingeniería social que se extiende a muchos otros aspectos de nuestra vida cotidiana, entre ellos la llamada “recepción” de migrantes irregulares, planeada para islamizar Europa y crear inestabilidad y disturbios civiles.

El golpe pandémico pudo encontrar ejecución y colaboración tan vastas precisamente porque privilegió el enfoque económico. Se utilizaron ríos de dinero para domesticar a políticos, magistrados, periodistas, médicos, empresarios, actores, cantantes, deportistas y, lo que no nos sorprende, al Vaticano, a Bergoglio, a la CEI, a los obispos… Todos dispuestos para venderse y ponerse del lado de la élite, de la ciencia, de los expertos. Tiene razón el Dr. Mendola: Este fue un crimen de Estado, llevado a cabo simultáneamente y de manera coordinada en todas las naciones occidentales. El primer paso en una guerra que ya tiene nuevos frentes preparados: como el de la hambruna provocada por la destrucción sistemática de pequeñas explotaciones agrícolas en nombre de la emergencia climática, la centralización de la producción de alimentos en manos de las multinacionales y el consiguiente aumento exponencial de los precios de los alimentos. Una realidad que va acompañada de la imposición de la identificación digital y de la moneda electrónica, para obligarnos a consumir solo lo que la élite ha decidido producir y vendernos.

Si somos bien conscientes del crimen que se ha perpetrado contra la humanidad y de las razones teológicas de esta aversión al hombre como criatura de Dios, sin embargo, pasamos por alto la razón por la que, con demasiada frecuencia -especialmente durante la psico-pandemia-, hemos recibido información contradictoria justamente por parte de las mismas personas que deberían haberla ocultado: pensemos en el suero “seguro y eficaz”, definido por Bergoglio como “un acto de amor para salvarnos juntos”, para lo cual, sin embargo, el Estado otorgó el escudo penal a los médicos inoculadores. O pensemos en la necesidad de reducir la huella de CO2, impulsada por multimillonarios que viajan en jets privados o yates altamente contaminantes. Si se trata de delincuentes -y sabemos que lo son-, ¿por qué nos dicen lo que pretenden hacer, corriendo el riesgo de que nos organicemos para impedírselo? ¿Por qué nos muestran las contradicciones de su narrativa, como si quisieran darnos una forma de denunciarlas?

La respuesta que me permito compartir con ustedes proviene de dos fuentes aparentemente no relacionadas: Aleyster Crowley, un esoterista luciferino que murió en 1947, y Michael A. Hoffman II, un historiador y experto en sectas secretas y manipulación psicológica, quien todavía está vivo.

Crowley, que fue introducido en el círculo británico al que pertenecían George Orwell y Aldous Huxley, escribe: “El mal debe esconderse a la luz del día, ya que las reglas del universo dictan que los que son engañados consientan su engaño“. Dado que Crowley es un satanista convencido, no nos sorprende esto que admite, lo cual desenmascara el verdadero fraude de Satanás: obtener nuestra adhesión al mal no mediante el engaño y sin nuestro conocimiento, sino llevándonos a aceptar la mentira con la que él define el mal como bien y la ficción con la que nos presenta el bien como mal. En esencia, Satanás quiere nuestra humillación –te daré todo esto si te postras y me adoras (Mt 4, 9)– y nuestra ratificación de que, si lo hacemos, es porque estamos de acuerdo en creerle al mentiroso en lugar de al Dios verdadero. Porque esto es lo que Satanás quiere, queridos amigos: hacernos tomar el lugar de Dios, conscientes de la locura –del ὕβρις– de este loco gesto nuestro de desafío.

Por otro lado, Hoffman aborda el mismo tema desde otra perspectiva, identificando una élite oculta que utiliza técnicas de ingeniería social para controlar a las masas. No se trata solamente de conquistar el poder económico o político, sino de librar una guerra psicológica: un “psicodrama oculto” que transforma la realidad en un ritual mágico y alquímico. Los medios de comunicación, las películas, los acontecimientos históricos (como el asesinato de JFK, el 11 de septiembre o el escándalo de Epstein) son herramientas para “alquimizar” la mente colectiva, haciéndola pasiva e incapaz de reaccionar. En esta fase terminal, la élite ya no lo oculta todo, sino que revela deliberadamente partes de su “método” (las estrategias de manipulación), como acto de humillación y de supremacía. Los estudios en psicología social confirman que este cruel juego para subyugar y dominar a las víctimas sirve para provocar esa disonancia cognitiva que conduce inevitablemente a la desmoralización (en la conciencia de ser impotente), al consentimiento implícito (un “consentimiento” pasivo, como diciendo: “Te muestro lo que estoy haciendo, y tú no haces nada, entonces consientes») y a la aceptación de un poder despótico (la élite se burla de las masas, fortaleciendo su control psicológico sobre ellas).

Escribe Hoffman: «El principio alquímico de la Revelación del Método se basa principalmente en la burla, en mofarse ridícula y bufonesca de sus víctimas, en forma similar a como lo hace un payaso, como demostración de poder y arrogancia macabra. Cuando se realiza sutilmente, acompañada de ciertos signos ocultos y palabras simbólicas, y no suscita oposición ni resistencia significativa por parte de los objetivos, se convierte en una de las técnicas más efectivas de guerra psicológica y violencia mental». [1]

Cuando veíamos el ballet de médicos y enfermeras en los pasillos de los hospitales y, al mismo tiempo, los noticieros transmitían sus boletines sobre las muertes por Covid en las unidades de cuidados intensivos —con las mistificaciones que ya conocemos—, nos encontramos frente a dos realidades contrastantes. Esta disonancia cognitiva sirvió precisamente para ver quién sacaría a la luz las contradicciones y quién, en cambio, se adaptaría fingiendo que no existían, en una operación de manipulación psicológica [2]: «Lo que has visto nunca sucedió», como el protocolo de «paracetamol y observación expectante» que el «ministro de Salud» Speranza, miembro de la Sociedad Fabiana, negó haber impuesto. Fue una prueba masiva para poner a prueba ayer la devoción a la religión de la salud de antaño, y hoy a la religión ambiental. Cada absurdo aceptado debilitó la capacidad de las personas para confiar en sus propias observaciones y juicio racional, llevándolas a una forma de apatía ante cada nueva provocación. El mensaje se convierte en: «Podemos mostrarte la contradicción entre nuestras palabras y nuestros actos, y tú no harás nada. Aceptarás tanto la mentira como la prueba de ella». Esta es una forma de humillación ritual que funciona no mediante el secreto, sino a través de la exposición flagrante, especialmente cuando la obediencia a la autoridad que imparte órdenes criminales —de ahí el «crimen de Estado»— se ofrece como un sacrificio de la propia racionalidad, como una inmolación de la voluntad. Y esto, queridos amigos, constituye la subversión de los conceptos de autoridad y obediencia, tanto en el ámbito civil como en el religioso. Porque el Enemigo es siempre el mismo, y actúa en los dos frentes para atacarnos con mayor eficacia.

El golpe maestro de Satanás consiste en esto: obtener de nosotros un asentimiento irracional ante la evidencia de sus engaños, que reconocemos como tales pero que, sin embargo, aceptamos como verdaderos, en un acto de orgullo insensato y suicida. Lo que la Serpiente exige es un acto de fe, o mejor dicho, de superstición, de apostasía. Un Credo quia absurdum en el que la evidencia de la mentira hace que la abdicación de la razón y el sentido común sea más «meritoria», por así decirlo. Por eso los colaboradores de la farsa psicopandémica se desataron con tanta ferocidad contra quienes se negaron a someterse.

¿Cómo podemos responder a la inversión de la verdad y la mentira, del bien y el mal? ¿Cómo afrontar esta revolución, intrínsecamente satánica porque tiene como objetivo subvertir el κόσμος divino e instaurar el χάος infernal de la Sinagoga de Satanás? Reconociendo el fraude de Satanás, denunciándolo y haciendo que la gente comprenda la coherencia teológica y la peligrosidad social del plan criminal de aquellos a quienes Hoffman llama criptócratas: gobernantes ocultos. Recuerden: La verdad les hará libres (Jn 8, 32).

+ Carlo Maria Viganò, Arzobispo

19 de octubre de MMXXV
Dominica XIX Post Pemtecosten

 


NOTAS

1 – En el texto original: «The alchemical principle of the Revelation of the Method has as its chief component, a clown-like, grinning mockery of the victim(s) as a show of power and macabre arrogance. When this is performed in a veiled manner, accompanied by certain occult signs and symbolic words and elicits no meaningful response of opposition or resistance from the target(s), it is one of the most efficacious techniques of psychological warfare and mind-rape.» Cfr. Michael A. Hoffman II, Secret Societies and Psychological Warfare, 2001.

2 – El gaslighting es una forma de manipulación psicológica en la que una persona (o un grupo) induce a otra a dudar de su percepción de la realidad, de su memoria o de su cordura, con el objetivo de controlar, debilitar o desestabilizar a la víctima. El término proviene de la película Gaslight (1944), en la que un marido manipula a su esposa haciéndole creer que está loca, por ejemplo, alterando la luz de las lámparas de gas de la casa y negando que esto esté ocurriendo.

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