Entrevista de Stephen Kokx

Mons. Carlo Maria Viganò

Entrevista de Stephen Kokx

por Kokx News

Questa intervista è stata divisa, per ragioni editoriali, in due parti. 
Il video della prima parte è disponibile qui, e quello della seconda parte qui.
Il testo dell’intervista è pubblicato anche su Kokx News.

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Stephen Kokx — Excelencia, hemos leído su análisis “en caliente” sobre los resultados del Consistorio Extraordinario (aquí), y creo que se puede decir que –una vez más– Usted ha dado en el clavo: “Este Consistorio sanciona la continuidad entre Bergoglio y el Prevost en todos los puntos controvertidos de la agenda sinodal y en la irrevocabilidad del Consejo”. ¿Cuál cree que pueda ser el escenario que se nos presenta, como católicos, luego de las recientes declaraciones de León sobre el “desarrollo dinámico” de la doctrina y de la moral?    

Arzobispo Carlo Maria Viganò — Cuando oímos hablar de “desarrollo dinámico” no podemos evitar pensar en la condena de la doctrina heterodoxa de la llamada “evolución del dogma”, según la cual la Iglesia ha tenido, con el paso del tiempo y gracias al progreso científico de las disciplinas teológicas, una comprensión mejor y diferente de la Revelación. Es un verdadero fraude pseudocientífico, basado en el evolucionismo y el historicismo filosófico, propagado por los modernistas desde la época de Alfred Loisy, mediante el cual se hace creer al pueblo cristiano que sus adulteraciones de la Fe y de la Moral deben considerarse como otra forma de expresar el mismo concepto, que durante dos mil años el Magisterio no ha sabido explicar correctamente. La Iglesia Católica habría enseñado entonces doctrinas que durante siglos habían sido aceptadas pasivamente por un pueblo sumiso e ignorante, y que sólo con el Concilio Vaticano II y su reforma litúrgica serían dejadas de lado. Obviamente, las doctrinas que el Concilio ha oscurecido o reformulado son aquellas que condenan sus propias desviaciones, la última de ellas la “sinodalidad”. Los modernistas consideran los dogmas como expresiones provisorias de la experiencia religiosa que evolucionan y se adaptan a las circunstancias. La “moral de la situación” de Amoris Laetitia y de Fiducia Supplicans es una aplicación práctica de este enfoque herético evolutivo con efectos devastadores, así como la liturgia conciliar está en constante evolución. Es evidente que todo esto responde a una impostación teológica antropocéntrica y a una filosofía inmanente.

El que hoy se sienta en el Trono de Pedro afirma que las sectas no católicas constituirían esa fantasmagórica “Iglesia” que Lumen Gentium ve subsistiendo también, pero no sólo en la Iglesia Católica, haciendo eco a Bergoglio, quien declaró a todas las religiones como caminos de salvación deseados por Dios.

Pero si todas las religiones son deseadas por Dios, si la verdad es “multifacética” y se manifiesta de diferentes y múltiples maneras en todas las confesiones cristianas e incluso en las religiones paganas y en las supersticiones idólatras, ¿por qué —me pregunto— la única religión considerada inaceptable y reprobable en este panteón ecuménico e inclusivo, es la Católica tradicional? La respuesta es simple y terrible al mismo tiempo: porque la Fe Católica es la única verdadera, la única contra la que Satanás desata todas las demás, a las que inspira y favorece. la única a la que Satanás teme, porque revela y combate sus maquinaciones infernales. Astiterunt reges terræ, et principes convenerunt in unum, adversus Dominum, et adversus Christum ejus (Sal 2, 2). Los reyes de la tierra se han levantado y los príncipes se han unido contra el Señor y contra su Ungido. La unidad ecuménica y masónica del Vaticano II se basa en este pactum sceleris entre falsas religiones, unidas contra la única Religión verdadera. Invirtiendo las palabras de San Pablo, Veritatem facientes in caritate (Ef 4, 15), en la mente de los defensores de la sinodalidad la unidad no puede ni debe fundarse en la Verdad: porque es precisamente la Verdad la que hace imposible esa unidad, y con mayor razón la Caridad hacia Dios y hacia el prójimo.

El escenario que está surgiendo —de hecho, que ya está ante nuestros ojos— es profundamente perturbador, pero desde una perspectiva escatológica encuentra su propia razón de ser en la apostasía preanunciada por el profeta Daniel y por el Apocalipsis, presumiblemente reiterada en la tercera parte del mensaje de la Virgen María en Fátima y en sus palabras en La Salette: “Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del Anticristo”. La apostasía de la Jerarquía de la Iglesia Católica forma parte de esa crisis de autoridad terrenal como consecuencia necesaria del rechazo a la realeza de Nuestro Señor Jesucristo. Esta autoridad exige obediencia en nombre de la Cabeza del Cuerpo Místico, mientras se separa de ella mediante la herejía y la corrupción. La Jerarquía no podrá sanar al vulnus del que es responsable hasta que se convierta. Hasta ese momento no podrá ser otra cosa que una autoridad tiránica y autorreferencial, carente de legitimidad, porque abusa de su poder con el propósito opuesto al que Nuestro Señor la instituyó.

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SK — En muchas de sus intervenciones, desde 2020, Usted ha puesto en evidencia el paralelismo entre el modus operandi de la “Iglesia profunda” y el del “Estado profundo”. Las últimas revelaciones respecto a los documentos del dossier de Epstein —ahora desclasificados y en gran medida hechos públicos— muestran que la corrupción y el chantaje han sido el instrumento principal para obtener obediencia y colaboración de personajes que ocupan cargos en las cúpulas de las instituciones. Pero lo que desconcierta es el nivel de horrores perpetrados contra niños y víctimas inocentes. ¿Qué mueve a estas personas?

CMV — No podemos dejar de ver en la tortura de los niños el mismo odio anticristiano que condujo al martirio de Guillermo de Norwich (1144), Hugo de Lincoln (1255), Guillermo de Oberwesel (1287), Rodolfo de Berna (1294), Andrea Oxner (1462), Simón de Trento (1475), Sebastiano Novello (1480), Lorenzino Sossio (1485), Domenico del Val, Cristoforo della Guardia: todos niños goyim de entre 3 y 15 años,  torturado y asesinado por la misma Sinagoga de Satanás que hoy gobierna el mundo. Todos torturados por la misma razón: matar una vez más, en la carne del inocente, al Cordero inmaculado que dio su vida por nuestra Redención. La diferencia entre estos asesinatos rituales y los que surgen de los documentos desclasificados es que en su momento podían parecer esporádicos, porque fueron cometidos por una secta restringida y justamente marginada por una sociedad orgullosamente católica; mientras que hoy –en el silencio mafioso de la prensa convencional y en la escandalosa inercia de los magistrados– se cometen a gran escala por la misma secta que logró apoderarse del poder después de haber descristianizado la sociedad e instaurado la Revolución. Una revolución que el Concilio hizo suya, convirtiendo progresivamente a los miembros de la Jerarquía a los principios masónicos y eligiendo a menudo a sus candidatos entre los emisarios de las logias.

Esta es la matriz del culto infernal que los documentos de Epstein confirman en sus detalles más espeluznantes. Por otro lado, si los defensores del Vaticano II han llegado a negar la responsabilidad de los judíos en la Crucifixión de Nuestro Señor, no es de extrañar su celos para borrar la memoria de esos santos niños mártires, incluso poniendo en duda la realidad histórica de sus asesinatos durante sacrificios rituales. 

La Jerarquía postconciliar se ha convertido en cómplice de un plan satánico, sin comprender sus aterradoras implicaciones. Pero a pesar de las pruebas de este golpe de Estado global, continúa tetragonalmente apoyando y ratificando la agenda globalista, la farsa de las vacunas, el fraude del Green Deal, la absurda teoría de género, la ideología LGBTQ+ y la sustitución étnica de las naciones católicas, aunque todos forman parte del mismo proyecto criminal y subversivo que ahora sabemos que ha sido cuidadosamente planeado.

Pero para que este golpe se llevara a cabo, fue necesario replicar en el ámbito eclesiástico lo que hicieron los “hijos” de las familias de la alta Finanza usurera infiltrándose en los gobiernos con los Jóvenes Líderes Globales del Foro Económico Mundial, con la cooperación documentada por el mismo Epstein y por los conocidos “filántropos” asquenazíes. Por esta razón, las quintas columnas en la cima de la Jerarquía conciliar crearon una “línea dinástica” —por así decirlo— que asegurara una “descendencia” y, en consecuencia, una continuidad ideológica y organizativa en los organismos centrales y periféricos de la Iglesia. Theodore McCarrick colocó a sus protegidos Cupich, Tobin, Gregory, Farrell, McElroy –por nombrar sólo algunos– en cargos de alto nivel en las Conferencias Episcopales y en la Curia Romana. Hoy actúan igual que sus favoritos para perpetuar el poder de este lobby.

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SK — ¿Qué podemos hacer nosotros, como católicos y como miembros de nuestra comunidad, para enfrentar esta situación de derrocamiento total de todos los principios morales y éticos más elementales? 

CMV — Hablando humanamente, el enfrentamiento que se va perfilando parece decididamente desigual. Por un lado, está el pusillus grex, formado por quienes custodian la Sagrada Tradición. Esta parte ha quedado prácticamente sin pastores, de hecho abandonada y marginada por los mercenarios y falsos pastores de la Iglesia sinodal, además de estar desorganizada y fragmentada. Por otro lado, está el mundo entero, con sus medios organizativos, financieros e institucionales muy poderosos, de los cuales esa “Iglesia” que se proclama inclusiva con todos excepto los católicos es un aliado muy ferviente. Un mundo que empieza a excluir a los cristianos de la sociedad civil, a criminalizar la pertenencia a la Iglesia Católica, a considerar a los tradicionalistas como no personas. La contribución de la Iglesia sinodal a esta operación de persecución radica tanto en la cooperación con la Agenda globalista, como en la excomunión de quienes, como yo, denunciaron —y aún denunciamos— la corrupción de los prelados y de quienes les han dado protección e impunidad.

Aquí me gustaría llamar la atención aquí sobre un elemento significativo del proceso de manipulación mental que se está llevando a cabo sobre las masas. Hace unos días, hablando en la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos, escuchamos al presidente de la Conferencia de Rabinos Europeos, Pinchas Goldschmidt, referirse a los ciudadanos de las naciones de nuestro continente como “viejos europeos”, definidos como antisemitas e islamófobos solo porque no están dispuestos a resignarse a un reemplazo étnico irreversible. Al obrar así, la élite globalista crea las bases ideológicas —como ya ocurrió durante la psicopandemia con la marginación de los “no-vax”— para deslegitimar cualquier voz que se oponga a la dictadura del pensamiento único. Esta deslegitimación conlleva también a una privación implícita de derechos, luz verde para el ostracismo, la persecución y la criminalización. La élite niega la ciudadanía a quienes tienen derecho a ella y la concede a extranjeros, a quienes incluso reconoce fraudulentamente el derecho al voto. Los “viejos europeos” pertenecen a la “vieja Europa”, una entidad distinta de la “nueva Europa” inclusiva, multicultural, multiétnica, multirreligiosa y globalista del Nuevo Orden Mundial. Por un lado tenemos la Europa cristiana de naciones soberanas, por otro lado la Europa masónica, talmúdica y sinárquica.

Algo similar -inquietantemente similar—ha ocurrido también en el cuerpo eclesial, no menos infiltrado por quintas columnas como en el ámbito civil. En este caso ya no tenemos “viejos europeos”, sino “viejos católicos”, es decir, esos fieles que todavía se obstinan en considerarse miembros de la Iglesia de Cristo, y que no se resignan a ver admitidos a quienes rechazan conscientemente la Fe, la Moral y la Liturgia. La propaganda obsesiva e inmigracionista de Bergoglio y Prevost, de Cardenales y Obispos en apoyo a la sustitución étnica llevada a cabo por gobiernos globalistas no se limita al ámbito civil: encuentra su contraparte eclesial en la propaganda ecuménica. Su política de fronteras abiertas comenzó con el Concilio Vaticano II, que abrió de par en par las puertas de la Ciudadela y bajó sus puentes levadizos justamente cuando se preparaba el asalto más violento del enemigo. La sustitución religiosa que está ejecutando la Jerarquía conciliar-sinodal no es menos consciente que la étnica. Se manifiesta en el mismo modus operandi: forzar a los verdaderos católicos al exilio y dar la ciudadanía a herejes y pervertidos. Quienes no ratifican el Novus Ordo –en todas sus acepciones– se revelan como “viejos católicos”, pertenecientes a la “vieja Iglesia”, con su “vieja Misa”; y con esto se excluyen, se excomulgan de la “nueva Iglesia”. Por un lado tenemos la Iglesia Católica, por otro la “Iglesia” conciliar, sinodal y ecuménica que ha logrado tomar el poder y no tiene intención de dejarlo.

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SK — ¿Por qué motivo, según Usted, la Iglesia hoy está tan atenta al diálogo ecuménico con los no católicos y, al mismo tiempo, tan intolerante y severa respecto a las realidades tradicionales? ¿Por qué se muestra tan rígida respecto a éstas últimas, pero tan inclusiva con herejes, cismáticos e incluso con el Islam y el Judaísmo?

CMV — La Jerarquía de la Iglesia Católica —y, ante todo, aquellos que han tomado el control del Vaticano usurpando la Sede de Pedro— ya no tiene la voz enérgica de la Verdad, sino la voz tímida del diálogo y del compromiso con el mundo. Y esto ha estado ocurriendo desde el Concilio Vaticano II en adelante, que marca un punto de ruptura y de discontinuidad respecto a la Iglesia Católica Apostólica Romana de todos los tiempos.

La razón por la que la Iglesia conciliar reconoce a las demás iglesias cristianas diferentes y a las sectas es que ya no se considera la única depositaria de la Verdad revelada. Por eso se sitúa a su nivel con innumerables reuniones ecuménicas (ad intra) e interreligiosas (ad extra). El Papado está desfigurado y el obispo de Roma reducido a un primus inter pares, según la reinterpretación “en clave sinodal y ecuménica” indicada por el documento de estudio El obispo de Roma. Primacía y sinodalidad en los diálogos ecuménicos y en las respuestas a la encíclica Ut unum sint. Estos son los efectos prácticos del subsistit in de la Lumen Gentium.

Cismáticos ortodoxos, herejes protestantes, idólatras paganos y la Iglesia conciliar-sinodal están todos unidos por su propia heterogeneidad respecto a la Iglesia Católica; y es precisamente de la Iglesia Católica Romana de quienes todos ellos se distancian con desprecio.

No olvidemos que también entre los Ortodoxos hay comunidades que han introducido el diaconado para las mujeres, haciendo suyas las demandas de igualdad de género a las que la Iglesia conciliar se ha ido adaptando desde hace tiempo con innovaciones cada vez más audaces. Protestantes y anglicanos comparten con la Iglesia conciliar-sinodal —que rechaza, reinterpreta o anula las verdades católicas— errores y herejías eclesiológicas y doctrinales, y juntos buscan ecuménicamente una falsa unidad a costa de la apostasía de la Fe.

La farsa de la sentencia administrativa del Dicasterio para la Doctrina de la Fe me impuso la excomunión, declarándome en estado de cisma con la Iglesia bergogliana por haberme atrevido a cuestionar a sus dos ídolos intocables: el Vaticano II y la legitimidad de Jorge Mario Bergoglio como Papa. Esto, por supuesto, no me hace cismático respecto a la Iglesia Católica, sino a la Iglesia conciliar-sinodal, demostrando así que ella misma está en un cisma de facto respecto a la Iglesia Católica Apostólica Romana, ni más ni menos que lo están los Ortodoxos o los Protestantes.

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SK — Justo en estos días, la Fraternidad de San Pío X ha anunciado que el próximo 1 de julio consagrará nuevos obispos sin la aprobación del Vaticano. ¿Cómo evalúa Su Excelencia esta decisión?

CMV — Aprecio mucho la decisión de asegurar la Sucesión Apostólica para garantizar la continuidad en la Fraternidad y conservar el tesoro de la Tradición, del Sacerdocio Católico y del Santo Sacrificio de la Misa. Sin embargo, creo que la Fraternidad de San Pío X debe afrontar todavía la fase final del camino de concienciación que hace treinta y ocho años llevó a su fundador, el arzobispo Marcel Lefebvre, a considerar “apóstata a la Roma modernista”. También es cierto que el estado de necesidad invocado para legitimar las consagraciones episcopales se justifica por la salvación de las almas: salus animarum suprema lex. Esto autoriza a la Fraternidad a proceder con la consagración de nuevos obispos incluso en ausencia del Mandato Pontificio, que un Papa fiel al Mandato petrino sin duda concedería. Cabe señalar, sin embargo, que en el muy remoto caso de que León consintiera estas Consagraciones, la Fraternidad se encontraría en una situación paradójica, con dos obispos “en una situación canónica irregular” y los nuevos “en comunión con Roma”. Esto generaría una fractura dentro de la misma Fraternidad. Canónicamente, parece no haber salida, y esto se debe a que el problema es de naturaleza teológica y eclesiológica. Y es el propio Superior General, el padre Davide Pagliarani, quien reconoce esta gravísima anomalía, objetivamente imposible de sanar en un momento en que las condiciones para un retorno de Roma a la Tradición son mucho más inalcanzables que en la época del arzobispo Lefebvre. Es ciertamente comprensible el deseo de la Fraternidad de San Pío X de manifestar concretamente su unión con la Sede Apostólica, cum Petro et sub Petro; pero la brecha objetiva existente no puede salvarse por la vía administrativa, al tener como interlocutores a funcionarios que ya no profesan la Fe católica y que aspiran a demoler la Santa Iglesia.

Espero que la razón por la que el Superior General insiste en tener un enfrentamiento con Roma no tenga como objetivo principal la regularización canónica, sino más bien “ponerla en el ángulo” –por así decirlo– para que, por un lado, sea evidente la voluntad de los miembros de la FSSPX de reconocerse como hijos de la Iglesia Católica y súbditos del Pontífice Romano; y, por otro lado, “dejar constancia” de la falta de voluntad de la actual Jerarquía a cuestionar el Concilio Vaticano II y sus derivas gravísimas, mostrándola tal como ella es, es decir, subversiva y herética.

La paradoja del veto romano aparece en toda su chocante contradicción si consideramos que la Santa Sede sigue ratificando ex post las ordenaciones episcopales de la Iglesia Patriótica China –notoriamente cismática y con su propia jerarquía paralela y hostil a Roma. No olvidemos que la excomunión por las consagraciones episcopales conferidas sin Mandato Apostólico fue introducida por Pío XII en 1958 precisamente para sancionar el estado de cisma de la Asociación Patriótica. El Acuerdo secreto Sino-Vaticano estipulado por Bergoglio y Parolin repudia la posición que la Santa Sede había mantenido hasta Benedicto XVI y pone en la misma línea a la Iglesia china cismática con las demás sectas no católicas con las que la Iglesia sinodal dialoga amistosamente, sin que esto suponga ningún problema.

Debemos reconocer que la crisis actual, precisamente por su absoluta excepcionalidad y gravedad, requiere ser afrontada —por así decirlo— “más allá de los esquemas”. Las respuestas canónicas son válidas para tiempos de relativa normalidad, no para situaciones extraordinarias, diría yo casi escatológicas. La deriva a la que ha llegado la Iglesia conciliar-sinodal es tal que garantiza que esas mismas personas ostenten la autoridad sagrada de la Iglesia y el poder subversivo de su falsificación. No es posible presidir la Iglesia católica en la ortodoxia y al mismo tiempo la Iglesia sinodal en la herejía, así como “no es posible servir a dos señores” (Mt 6, 24)”.

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SK — ¿Considera que está bien fundada y es compartida la perspectiva de una pax liturgica que han propuesto ciertos círculos eclesiásticos?

CMV — La pax liturgica impulsada por algunos prelados e intelectuales católicos constituye, en mi opinión, un engaño muy peligroso, en el que sus defensores fueron los primeros en caer y en el que también caerán quienes se refieren a ellas. El concepto de una coexistencia pacífica de dos formas del mismo Rito es imposible, y es el fruto de una desdogmatización de la Liturgia a la que corresponde una desliturgización de la Doctrina. La Misa Tridentina es la voz orante de la Fe católica, según el adagio Lex orandi lex credendi. El Novus Ordo es expresión ideológica de los errores del Concilio, con omisiones y manipulaciones muy claras y descaradas para adulterar la Fe católica y llevar progresivamente a los fieles hacia la Religión Universal. Los fieles que asisten a ambos ritos quizás consideren las celebraciones del antiguo rito más bellas y solemnes, pero seguirán convencidos de que es posible hacer coexistir dos mundos opuestos simplemente concediendo libertad a ambos. Esto es repugnante al principio de no contradicción incluso antes que al Magisterio Católico. Como señaló acertadamente Mons. Marian Elegante, “se tolera un cisma no declarado que involucre a toda la Iglesia Católica entre los llamados ‘modernistas’, ‘adaptados al espíritu de la época’, ‘relativistas’ y ‘pluralistas’, ‘izquierdistas’, ‘católicos reformistas’ y católicos ‘conservadores’, ‘de derechas’, ‘tradicionalistas’ y ‘ortodoxos’. Ambas alas se consideran fieles y católicas. Esta es la paradoja por excelencia”. 

Chris Jackson comenta: “Este escandaloso doble rasero demuestra que la Iglesia conciliar valora la conformidad con su nuevo credo humanista más que la fidelidad a la verdad de Cristo”. Lamentablemente, existe una convicción completamente errónea e infundada entre los conservadores de que no fue el Vaticano II, sino una interpretación errónea de éste la que causó la crisis; que no fue el Novus Ordo Missæ, sino los abusos en su celebración los que provocaron el colapso de la práctica religiosa.

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SK — ¿Qué pueden hacer los sacerdotes y los fieles para resistir esta crisis de la autoridad civil y religiosa? 

CMV — Pensar que es posible restaurar los cimientos de las instituciones de todo el mundo occidental hoy en manos de la Sinagoga de Satanás es una ilusión absurda. La nuestra es una civilización que ha alcanzado la etapa terminal de un cáncer que la carcome desde dentro: la rebelión contra Dios inspirada y perpetrada por el príncipe de este mundo y sus siervos.

Creo que ha llegado el momento de considerar seriamente el establecimiento de “comunidades intencionales” basadas en el modelo de la Opción Benedicto, de Rod Dreher. “En la devastación y desolación que se produjo después de la caída del Imperio Romano, en un mundo hostil, los monjes benedictinos constituyeron pequeñas comunidades en las que preservaron lo que importa de la fe cristiana y sembrar la civilización del mañana”. Según Dreher, nuestra situación es la misma o pronto lo será. ¿Qué impide a los católicos revitalizar los numerosos pueblos abandonados o despoblados, uniendo sus habilidades y recursos para vivir juntos según un enfoque de vida cristiana y dándose a sí mismos los medios de independencia y autosuficiencia, incluyendo los económicos y alimentarios, que impiden o al menos limitan al máximo la contaminación con un mundo hostil? Un sacerdote francés escribe: “Durante el periodo del Covid celebré Misas clandestinas en graneros. Parecía que había vuelto a los tiempos de la Revolución. Hoy en día, el poder ya no está al servicio del pueblo ni de Dios, sino al servicio del globalismo. Es la lucha entre Cristo Rey y el príncipe de este mundo, el diablo. Es tarea de cada hombre ponerse del lado del bien y resistir el mal”. ¿Qué impide a los sacerdotes ayudar a los fieles en esta lucha contra el globalismo, como algunos ya han empezado a hacer?

Es necesario que los católicos recuperen el control de su destino, sustrayéndose a la dictadura invasiva y mortífera de la élite y al poder excesivo de una autoridad usurpada. Por otro lado, si nos encontramos en un estado de necesidad eclesial, también lo estamos en el ámbito civil. Sin embargo, tal reapropiación sólo es posible cuando cada alma vive de la Gracia y en la Gracia. Y para ello, es indispensable la acción santificadora de los Sacramentos y de la Santa Misa, administrada por sacerdotes fieles a la Tradición. Este será el alimento sobrenatural que nos dará la fuerza para empuñar las armas espirituales en la batalla que ya se libra ahora y que es un preludio a la persecución del Anticristo. Porque sólo quienes viven de Cristo pueden combatir el mal presente y, por tanto, merecen entonces la recompensa eterna. Mihi enim vivere Christus est, et mori lucrum (Flp 1, 21).

9 de febrero de 2026

© Traducción al español por; José Arturo Quarracino

 


 

NOTAS

1 – Es significativo que los primeros en ser conscientes de la “amenaza” que representa la Iglesia Católica sean precisamente los globalistas. Incluso Epstein lo admite: cf. https://x.com/stanislasberton/status/2018969611526443512 .

2 – Esta es solo una lista parcial de los casos conocidos de sacrificios rituales reportados en las crónicas y por las actas notariales o procesales entre los siglos XII y XX. https://x.com/timayenis/status/1846279581684453666

3 – Cf. https://x.com/disclosetv/status/2013910057965047894

4 – Cf. https://www.christianunity.va/content/dam/unitacristiani/Collana_Ut_unum_sint/The_Bishop_of_Rome/Il%20Vescovo%20di%20Roma.pdf

5 – «Se tolera un cisma sucio que atraviesa toda la Iglesia Católica entre los llamados “modernistas”, “adaptados al espíritu de la época”, “relativistas” y “pluralistas”, “católicos reformistas” de “izquierdas” y los católicos “conservadores”, “de derechas”, “tradicionales” y “ortodoxos”. Ambas ramas se consideran fieles y católicas. Esta es la paradoja por excelencia» – Cfr. https://www.lifesitenews.com/opinion/bishop-eleganti-the-church-is-suffering-internal-schism-because-pope-bishops-tolerate-heresies/

6 – «Este escandaloso doble rasero demuestra que la Iglesia conciliar valora la conformidad con su nuevo credo humanista por encima de la fidelidad a la verdad de Cristo», cf. https://x.com/bigmodernism/status/2018558959599116464

7 – Las comunidades intencionales son grupos de personas que eligen voluntariamente vivir juntas (o muy cerca) para lograr una visión común, un ideal compartido o un estilo de vida determinado. No son solo vecinos o compañeros de piso aleatorios: el elemento central es la intencionalidad, es decir, una elección consciente y compartida de cooperar, compartir recursos, responsabilidades y principios morales. 

8 – Cf. https://lanuovabq.it/it/opzione-benedetto-non-un-consiglio-ma-un-fatto

9 – «Celebré Misas clandestinas en graneros durante el periodo del Covid. Era como si hubiéramos regresado a tiempos revolucionarios. Hoy en día, el poder ya no está al servicio del pueblo ni de Dios, sino al servicio del globalismo. Es la batalla entre Cristo Rey y el príncipe de este mundo —el diablo. Es rol de todo hombre tomar partido por el bien y resistir el mal». Cf. https://x.com/tocsin_media/status/2018717365500809725

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